La Historia nos permite conocer el pasado, comprender el presente y mejorar el futuro
Mostrando entradas con la etiqueta Personajes históricos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Personajes históricos. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de febrero de 2025

"Herencia", de Jesús Gallego

Herencia es una novela ambientada en los últimos momentos de la vida del dictador Francisco Franco y en los días posteriores a su muerte, con los preparativos del entierro del Generalísimo. En ella, el autor entreteje la vida de tres personajes y sus familias con las luchas de poder dentro del régimen franquista. Manuela, una mujer sencilla de un pueblo de Extremadura, que asiste al entierro del Caudillo; Jaime, un carlista que ocupa puestos importantes dentro del régimen y, José Luis, un joven que ha sido captado por la banda terrorista ETA. Tres personajes muy diferentes, pero entrelazados entre ellos, que viven unos momentos transcendentales de la historia de España de luchas entre los sectores más ultras y el aperturismo.
Una obra que te atrapa, que te mete en la historia de la crisis final del franquismo, de manera bastante fidedigna, pero en la que el autor se permite jugar de manera imprevista e impactante.
Te la recomiendo. Yo, me la he bebido.

lunes, 9 de diciembre de 2024

"La historia prohibida del Sáhara español", de Tomás Bárbulo

La obra de Tomás Bárbulo tiene los ingredientes perfectos para que me haya gustado tanto: es una obra histórica, que cuenta con una gran documentación y, escrita con la habilidad de quien es un maestro de la escritura y que es capaz de hacerte disfrutar con su lectura. Su historia es el reflejo de un territorio que lo vio crecer y al que profesa un gran amor; pero también es la historia de una enorme traición, la de los últimos gobiernos franquistas a los saharauis, a los españoles, al Ejército allí destacado; la de la traición de Marruecos,  Mauritania y otros países árabes considerados amigos hacia España y, sobre todo, la de nuestros aliados como la Francia de Giscard D´Éstaing y los Estados Unidos donde despuntaba la intrigante figura de Henry Kissinger, que supieron moverse bien en ese tablero siempre complicado de la geopolítica, en la que nuestro país raramente mueve las piezas adecuadamente y en las que nuestros movimientos supusieron un auténtico jaque mate a este país que nos tiene acostumbrado a sufrir a quienes lo amamos. Es también la historia de un despropósito y de la inoperancia de un régimen que se desmoronaba. De sus páginas pueden extraerse importantes conclusiones, que deberían servirnos para tomar decisiones acertadas en nuestro presente y para nuestro futuro como nación.

viernes, 5 de julio de 2024

"La canción de Aquiles", de Madeline Miller

Una gran novela, que relata la historia de Patroclo y Aquiles, dos personajes opuestos, frente al torpe y desgarbado Patroclo, se presenta al bello y atlético Aquiles; sin embargo, mantendrán una relación que perdurará más allá de los tiempos. La obra transcurre en varios momentos, su infancia y adolescencia en el reino de Ftia y su juventud en la guerra de Troya. Con constantes referencias a dioses, héroes, centauros y reyes de la Grecia de la etapa homérica y a mitos y leyendas griegas como la Ilíada.

Escrita con una gran belleza, sensibilidad y conocimiento del mundo griego, te mantiene pegado a su lectura hasta la última página.

viernes, 28 de junio de 2024

"El cirujano de almas", de Luis Zueco

El cirujano de almas es una novela de aventuras entretenida, que se inscribe en el período convulso del inicio de la historia contemporánea española, principios del siglo XIX, reinado de Carlos IV, invasión napoleónica y Cortes de Cádiz. Es un alegato a favor de la medicina en un período donde se inicia una renovación de la misma. Por tanto, tiene varios ingredientes que la hacen interesante, es recomendable y se lee con facilidad.

viernes, 9 de diciembre de 2022

"Un tal González" de Sergio del Molino

Sergio del Molino nos presenta una especie de novela sobre la figura de Felipe González repleta de información y, también, de admiración sobre una figura transcendental de nuestra historia reciente, un hombre de Estado que cambió el país de arriba abajo. Para entender la España de hoy hay que conocer la labor de los gobiernos socialistas de Felipe González, quien desde  1982 a 1996, modernizó España y la abrió a Europa y al mundo.  En este sentido, el autor expresa en el libro la opinión de que "Felipe González es la figura política más importante del siglo XX, pero no se apreciará así hasta que muera".
Así mismo, con la lectura de sus páginas me he sentido identificado con Sergio del Molino cuando señala que "el país que hizo Felipe es mi país, el que me ha hecho a mí", y es que esos cambios y esa época es la mía, la de mi juventud, yo viví esa época y  formé parte de esos cambios, no sólo económicos, sino sobre todo sociales e ideólogicos; yo disfruté de esos años de ensueño, en los que todo parecía posible; pero también padecí la crisis de los años 90 y viví los acontecimientos de una época a ratos emocionante y a ratos difícil y convulsa.
He disfrutado con su lectura, es entretenida e instructiva y es la España que yo he conocido, la de una época transcendental para entender el país que tenemos hoy, nos guste más o menos la figura de Felipe González.

domingo, 10 de agosto de 2014

"El Macedonio" de Nicholas Guild

"El Macedonio" es una extraordinaria novela histórica que narra la vida de Filipo II, rey de Macedonia, padre del Alejandro Magno. La novela, escrita con la habilidad y la facilidad que tiene el autor para engarchar a los lectores, tal y como comprobé en la lectura de "El Asirio", cuenta en tono épico el acceso al trono del  reino de Macedonia de Filipo, el menor de los hijos del rey Amintas, que deberá hacer frente a múltiples peligros para salvar su débil e inestable reino; pero cuenta con poderosas armas: astucia, valentía y una personalidad arrolladora. Su lectura no te defraudará, es una gran novela épica.

martes, 12 de febrero de 2013

El General Juan Prim fue asesinado


El General Juan Prim fue asesinado
Así lo señala en sus conclusiones la Comisión Prim de Investigación, formada por expertos de la Universidad Camilo José Cela, que han estudiado el cuerpo embalsamado.

El general Juan Prim es "prácticamente imposible" que sobreviviera a sus heridas los tres días que oficialmente se dijo, tras el atentado de 1870, y su momia presenta señales "compatibles con una posible estrangulación a lazo", además de que fue "suplantado por sus asesinos".
Así lo señala en sus conclusiones la Comisión Prim de Investigación, formada por expertos de la Universidad Camilo José Cela, que han estudiado el cuerpo embalsamado del que fuera presidente del gobierno (septiembre de 1869 - diciembre de 1870). "Hemos resuelto un crimen del siglo XIX con los avances tecnológicos del siglo XXI", ha señalado el presidente de la Comisión, Francisco Pérez Abellán, para quien la realidad de la muerte del general "está en su momia", conservada en Reus (Tarragona) perfectamente 142 años después.
"El hallazgo más sorprendente e inesperado" son los surcos y marcas en el cuello de la víctima "compatibles con una posible estrangulación a lazo", señala el texto. Los surcos en el cuello "encajan así en una necesidad de los asesinos de Prim de no permitir la recuperación del mismo, del que asustaban tanto su fortaleza física como su fortuna de salir indemne". Dichas señales han sido estudiadas "hasta descartar artefactos postmorten capaces de producirlas y procedimientos de embalsamamiento", aunque seguirá la investigación hasta despejar la última duda". El general, cuyo coche de caballos sufrió una emboscada el 27 de diciembre de 1870 en la madrileña calle del Turco, recibió heridas de bala que, "contrariamente a lo que se ha aceptado hasta ahora, fueron de gravedad" y los expertos consideran que "es prácticamente imposible que se produjera la supervivencia de los tres días oficiales".
Se deja así en evidencia "el falso comunicado del Gobierno de la época, que hablaba de heridas leves y, aunque no alcanzaron ningún órgano vital", los impactos del hombro izquierdo, como destaca el sumario de la época, resultarían "mortal ut plurimum" (mortal de necesidad). Esas lesiones causaron que el general no pudiera caminar normalmente, ni tener un habla "normalizada y fluida" y sus brazos quedaron inútiles.
El informe destaca que Prim fue "suplantado por sus asesinos, quienes, deliberadamente faltaron a la verdad en un discurso a la nación sobre la gravedad de sus heridas y engañaron al rey Amadeo I a su llegada al puerto de Cartagena". Al rey lo fue a recoger, en nombre de Prim, "aunque este no lo pudo ordenar", uno de los que más habían combatido su designación, el almirante Juan BautistaTopete, partidario del duque de Orleans para el trono. "El nuevo rey quedaba así en manos de sus peores enemigos".
Sobre los posibles autores intelectuales del magnicidio, los hallazgos y aportaciones de la Comisión "están en la línea de prestigiosos autores" que señalan a Antonio de Orleans, duque de Montpensier, y al general Francisco Serrano.

Además, el informe recuerda que el Promotor Fiscal, Joaquín Vellando, se atrevió a proponer el procesamiento de Antonio de Orleans, "uno de los hombres más ricos y poderosos del momento, candidato al trono de España y presunto autor intelectual y financiero de los atentados contra Prim". Los asesinos "se sentían amenazados con el cambio de dinastía que había procurado Prim" pues la llegada del rey Amadeo I "les haría perder su posición privilegiada".

Las conclusiones criminológicas indica que antes del atentado, el ministro de Gobernación Práxedes Mateo Sagasta, y el gobernador de Madrid, Ignacio Rojo Arias, "conocedores" de que habían intentado matarlo dos veces y que se preparaba "de forma inminente un tercer atentado (...) se inhibieron del asunto sin tomar medida alguna de protección".
Probablemente, el de Prim sea el "crimen más caro de la historia" pues "fueron contratados prácticamente todos los asesinos a sueldo disponibles en España en aquel tiempo, a los que se les ofrecía un cantidad diaria de diez pesetas, un premio de cinco mil duros y la garantía de seguridad de permitirles escapar". El magnicidio "buscaba la conquista del poder, produciendo el crimen un enfrentamiento mortal entre masones" -tanto Prim como la "mayoría" de sus asesinos lo fueron- y aunque "no puede atribuirse a una conjura masónica", esas fuentes "pueden arrojar mucha luz sobre los ocurrido", considera el informe.
En cuanto al sumario del caso, que está muy deteriorado, la Comisión cree que "es una de las joyas jurídicas de nuestra historia" y recomienda que los tomos que aún se conservan "sean especialmente protegidos y puestos a disposición de estudiantes e investigadores, en un lugar más adecuado y accesible que el que hoy ocupa".
La Comisión encontró la lista original con los doce presuntos asesinos en dicho sumario, que "desde el principio "apunta hacia los poderosos personajes que presuntamente tramaron la conspiración y ordenaron el magnicidio". Aunque "ya para siempre serán presuntos puesto que nunca llegará a celebrarse el juicio", finaliza el informe.

El asesinato de Prim tiene conexiones con nuestra localidad, Villafranca de los Barros, ya que en él está demostrada la implicación del coronel Felipe Solís Campuzano, ayudante de campo del Duque de Montpensier, que fue señalado como la persona que contrató y pagó a los sicarios del general. (file:///C:/Users/smeri/Downloads/Dialnet-UnVecinoDeVillafrancaDeLosBarrosInmersoEnElSumario-6939882.pdf)



Tomado esencialmente de http://www.publico.es


miércoles, 26 de diciembre de 2012

Don Juan de Austria. Una historia de ambición y celos


Hijo natural del emperador Carlos V (I de España) y de la alemana Bárbara Blomberg, nació en la ciudad germana de Ratisbona sobre 1547. Su padre, Carlos, lo conoció ya en su retiro en el monasterio de Yuste. Fue considerado miembro de la familia real y recibió educación en Castilla, cursando estudios en la Universidad de Alcalá de Henares. Su hermanastro, el rey Felipe II, ante su evidente vocación militar le encomendó diversas misiones militares, rodeándolo de consejeros de calidad, en las que destacará, como en la represión de la rebelión de los moriscos en las Alpujarras o la lucha contra los piratas berberiscos en el Mediterráneo, alcanzando su máximo reconocimiento al frente de la Liga Santa que combatió a los turcos en la Batalla de Lepanto (1571), donde logró una resonante victoria, que le dará fama y acrecentará sus ambiciones personales (deseaba el tratamiento de alteza y la concesión del título de infante, así como un reino propio).
Fue por ello, por lo que posiblemente Felipe II, temeroso de su popularidad, le envió a un puesto en el que otros grandes militares españoles habían fracasado, a luchar contra la rebelión protestante en los Países Bajos, precisamente allí, sin dinero para pagar las tropas y sin hombres suficientes, negados desde España, no le fue posible acabar con la rebelión protestante y morirá en 1578 en Namur (Flandes) como consecuencia de unas fiebres tifoideas contraídas en esta campaña.
Fue, sin duda, una de las figuras más destacadas de la España de su tiempo, con un gran poder de atracción y con gran renombre internacional, lo cual unido a su ambición personal; despertaron, sin dudas, las suspicacias de su hermanastro el rey Felipe II. Su proyecto de invadir Inglaterra y convertirse en rey de ésta, será posteriormente puesto en práctica por Felipe II con la Armada Invencible, en 1588; aunque lamentablemente, para los intereses de nuestro país, fracasará.
Don Juan se encuentra enterrado en el Panteón de Infantes del monasterio de San Lorenzo de El Escorial.



Para más información:

lunes, 24 de diciembre de 2012

El caso de la momia asesinada


Puede que nunca sepamos cómo murió Tutankamón, pero parece que ya sabemos de qué falleció Ramsés III, y no fue precisamente de muerte natural: le rebanaron la garganta. Una nueva investigación sobre la momia del rey, una de las más queridas por los aficionados a la egiptología, ya que tuvo el privilegio de ser la que inspiró la caracterización de Boris Karloff y Lon Chaney Jr. en la serie de películas clásicas de terror iniciada con La momia (1932), ha concluido que el notable faraón de la XX dinastía fue brutalmente asesinado.
En una carambola digna del CSI (sección tebana) o Mentes criminales, los científicos afirman haber dado, apenas 3.000 años después del crimen, con el asesino del faraón (o al menos uno de ellos). Fue otra momia, esta realmente espantosa, no en balde se la conoce como la Momia Aullante, por su atormentada expresión. En esa segunda momia, los estudiosos identifican al príncipe Pentaura, hijo de Ramsés III, que fue uno de los principales implicados en el conocido complot palaciego para matar a su padre bautizado como la Conjura del Harén, y al que, según las fuentes, se le obligó a suicidarse, posiblemente por estrangulación. Y luego dicen que la historia antigua no es interesante...
Resulta curioso que nadie se hubiera dado cuenta antes de que la momia de Ramsés III presenta un tajo delantero en el cuello de tal envergadura que, según el nuevo análisis, le cortó la tráquea y la carótida y le alcanzó la espina dorsal. Vamos, una herida mortal de necesidad y realizada con una hoja afilada y evidente mala leche. Hasta ahora se especulaba con la causa de la muerte e incluso un reconocido egiptólogo como Jean Yoyotte apuntaba en 1996 que la momia “no presenta huellas de violencia” (!). Es lo que tienen las momias: no paran de dar sorpresas; recordemos la alegría que nos proporcionó Tutankamón al recobrar su pene. Es cierto que la momia de Ramsés III llevaba el cuello muy tapado (con capas espesas de lino), como para no coger frío.
Los resultados de la nueva investigación los ha publicado el lunes pasado en el British Medical Journal un equipo encabezado por el paleopatólogo y antropólogo molecular Albert Zink, del Instituto para Momias y el Hombre de Hielo (que ya es centro) de Bolzano (Italia). Zink ha estudiado también al (des)congelado Ötzi y, en un contexto mucho menos frío, a las momias de la época de Amarna (Tutankamón y familia).
Los científicos realizaron tomografías computerizadas a los cuerpos de Ramsés III y la Momia Aullante (conocida también de manera menos descorazonadora como Hombre Desconocido E), que se encuentran en el Museo Egipcio de El Cairo, y les extrajeron muestras para análisis de ADN, cuyos resultados, afirman, “sugieren fuertemente” que son padre e hijo.
Ambas momias fueron descubiertas en 1881 en el escondite (cache) de Deir el Bahari, un popurrí de cuerpos embalsamados que los sacerdotes habían resepultado allí piadosamente tras siglos de saqueos (Ramsés III tiene su tumba original en el Valle de los Reyes, la KV11, la famosa de los arpistas ciegos). Maspero, el gran egiptólogo, desenrolló in situ a Ramsés III ya buscando heridas que probaran que no sobrevivió al mencionado complot palaciego.
Las fuentes del coup d’état ramésida son tres papiros: el papiro judicial de Turín y los papiros Rollin y Lee, más cortitos. Los textos nos hablan de una tremenda conspiración para asesinar al rey en la que estarían involucrados una reina secundaria, Tiy, y el hijo de esta, el citado Pentaura —al que se habría querido colocar en el trono en lugar del legítimo heredero—, así como otras esposas y una larga lista de funcionarios, muchos de ellos vinculados al harén real. El papiro de Turín nos proporciona nombres de esos “grandes criminales”, algunos presentados con seudónimos deshonrosos como el mayordomo (siempre hay uno en estas situaciones) Mesedsura, que significa “odiado de Ra”. En la lista de magnicidas hay seis inspectores del harén, un cargo sin duda de confianza. También había escribas, un capitán de arqueros nubio y un heraldo, que parecen ocupaciones menos distraídas.
La conjura incluía un levantamiento popular y el uso, probablemente menos efectivo, de magia negra, con el empleo de imágenes de cera. A los acusados se los juzgó por grupos, y 38 fueron condenados. Varios fueron obligados a suicidarse en el propio tribunal. Por las fuentes no sabemos si el faraón sobrevivió a la conspiración.
Ahora, el tajo del cuello, que no parece resultado de un descuido del barbero, y el complot parecen sumar dos y dos. Además, los científicos han hallado en la herida de la momia un amuleto wedjet (un ojo de Horus) que habría sido colocado para sanar ritualmente al faraón en la otra vida.
En cuanto a la Momia Aullante, cualquiera que la vea no puede dejar de pensar que le ocurrió algo muy grave. Los autores de la nueva investigación señalan indicios de estrangulamiento. El cuerpo además no fue momificado de manera usual, sino bastante cruda (!), y se lo cubrió con una ritualmente impura piel de cabra, lo que se interpreta como evidencia de un castigo eterno.
La idea de que esta fea momia pudiera ser el hijo asesino de Ramsés III ya la había adelantado en 2008 el ínclito Bob Brier (el arqueólogo estadounidense que fabricó una momia moderna con un cuerpo donado a la ciencia). También se había hecho notar que la expresión agónica del rostro podía deberse a que el individuo fue momificado en vida y se le vertió resina por la garganta...
Yo no sé ustedes, pero a mí todo el asunto me recuerda muchísimo al argumento de The mummy, la película de 1999 (aunque no sabemos si Tiy tenía la envergadura de la inolvidable Anck su Namun de Patricia Velásquez).
¿Y en toda esta historia dónde está Zahi Hawass?, se preguntarán. Bueno, la de Ramsés III era una de las investigaciones que se desarrollaban bajo su implacable mirada desde hace años y que, de culminar durante su mandato, él se hubiera encargado de protagonizar con gran despliegue mediático, sombrero incluido. De hecho, el diario egipcio Al Ahram le atribuye al antiguo ministro de Antigüedades el liderazgo del equipo que ha reabierto el viejo caso...

Tomado de http://cultura.elpais.com

viernes, 30 de noviembre de 2012

Enrique IV de Castilla, el Impotente

Enrique IV de Castilla ha sido conocido como rey por el sobrenombre de El impotente, además de achacársele esta enfermedad, se le acusó de homosexual y algunas otras lindeces igual de negativas en la época y, por otra parte, habituales para desacreditar a reyes o grandes personajes con el fin de descalificarlos en las luchas por el poder entre las distintas facciones nobiliarias.
Enrique, sucede a su padre, Juan II de Castilla en 1454, se casó con Blanca de Navarra, a la que acabará repudiando y solicitando la anulación del matrimonio por no haberse consumado el mismo tras varios años de casamiento. Tras la anulación matrimonial se casa con Juana de Portugal, con quien tiene una hija, Juana.
Las luchas del rey con la nobleza castellana y su débil carácter le hacen ceder repetidamente a las presiones de la misma, la cual hace circular la leyenda de que su hija es ilegítima, por ser el rey impotente y se alude a la paternidad del valido del rey, Beltrán de la Cueva, de ahí el apodo de Juana la Beltraneja. El rey es depuesto por la parte de la nobleza en la llamada “farsa de Ávila” en la que entronizan a su hermanastro Alfonso, pero tras la muerte de éste, pocos años después, se ponen al lado de la hermana de éste, Isabel, la futura Isabel la Católica, hermanastra de Enrique, frente a los derechos al trono de su hija Juana. El rey se ve obligado a aceptar a Isabel (Tratado de los Toros de Guisando) con la condición de concertar él su matrimonio, hecho que Isabel no respetó al casarse con Fernando de Aragón en secreto, por lo que, enterado Enrique, proclamó a su hija Juana como heredera al trono jurando públicamente que era hija legítima. El país entró en una época de anarquía por las luchas entre las distintas facciones nobiliarias que apoyaban a uno u otro bando,  y a la muerte de Enrique, sucedida en 1474, se inicia una guerra civil entre los partidarios de Juana de Tratámara, la Beltraneja y los de su tía Isabel. Guerra que tendrá también tintes internacionales por el apoyo portugués a Juana y de Aragón a Isabel. Finalmente, la guerra acaba con la victoria de Isabel en 1479, que se convierte así en reina de Castilla con el nombre de Isabel I.
Gregorio Marañón realizó un ensayo sobre Enrique IV en 1930 basándose en las descripciones de las crónicas de la época y, fruto de ellas, señalaba que el rey debió de padecer un tumor en la hipófisis que le provocaría un crecimiento exagerado de las extremidades, así como de las manos y los pies, elevada estatura, encorvamiento, impotencia, infertilidad y otras anomalías. Lo que también es cierto es que las crónicas de la época están infestadas de bulos con el fin de desprestigiar a personajes poderosos en las luchas por el poder. Algo por lo demás, que sigue siendo habitual en nuestra época.
Por otra parte, los restos de Juana la Beltraneja no han sido hallados y no se ha podido corroborar, hoy día, la veracidad de las acusaciones que ponían en duda la paternidad de Enrique IV.
Como extremeño que soy, os diré que Enrique IV se encuentra enterrado en el Monasterio de Guadalupe (Cáceres), junto a otros miembros menores de la realeza castellana.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Historias de romanos


Cayo Julio César (Roma 100 ó 101-44 a.C.), militar y gobernador romano, sabiendo que la población de Roma esperaba ansiosamente noticias de los campos de batalla, convirtió la redacción de los mensajes en una forma de arte periodístico. La culminación del género fue su famoso y sucinto mensaje a Roma tras aplastar al ejército del Ponto en la batalla de Zela (47 a.C.), en la actual Turquía: "Veni, vidi, vici" (Llegué, vi y vencí).

Nerón (Lucius Domitius Nero Claudius, Ancio 37-Roma 68), emperador romano (54-68), tuvo una vida llena de excentricidades. Se cuenta que hacía ejecutar a los espectadores de teatro que consideraba que no habían aplaudido con suficiente entusiasmo. Le gustaba ganar en las carreras de carros aunque tuviera que correr en solitario y gastaba en perfume desorbitadas cantidades de sestercios. Su esposa, Popea Sabina, se bañaba en bañera de plata con leche de burra para tener la piel blanca. Ella murió por complicaciones en un embarazo a consecuencia de una patada de su marido Nerón.

Uno de los caprichos de Heliogábalo (204-222), emperador romano (218-222), era servir a sus invitados manjares de cera que imitaban a los platos que él degustaba ante los presentes y éstos eran obligados, bajo pena de muerte, a simular que estaban comiendo. Su debilidad era la gula y su nombre ha pasado a ser sinónimo de persona con esa misma debilidad.

Calígula (Cayo César Augusto Germánico, Ancio 12-Roma 41), emperador de roma (37-41), fue educado entre los soldados, a los que debe su apodo de Calígula (de cáliga, el calzado militar romano). Consiguió gran popularidad entre el pueblo y el ejército y sucedió al emperador Tiberio reaccionando contra su despotismo, en medio del entusiasmo general. Comenzó una política de tolerancia (abolió la ley de majestad), redujo los impuestos y colmó de dádivas al pueblo y a los soldados. Este período de felicidad duró poco pues a los 8 meses de su reinado cayó enfermo y su mente, nunca muy equilibrada, se trastornó definitivamente dominando entonces sus extravagancias y crueldades por su manía de grandeza: Quiso ser adorado como un dios, agotó el tesoro imperial y subió los impuestos, asesinó a miembros de su familia y de la aristocracia y nombró cónsul a su caballo Incitatus (que fue destituido del cargo por su sucesor, el emperador Claudio). Murió asesinado por Casio Caerea.



http://www.lcc.uma.es/~ppgg/html/cgentes.html

Te recomiendo que visites esta página.
Para ampliar información consulta los enlaces de cada uno de los personajes citados.



sábado, 28 de julio de 2012

MARTÍN ÁLVAREZ GALÁN, EL HÉROE DE MONTEMOLÍN

Extremadura es tierra de hombres humildes, pero también de titanes, quienes por honor, por deber o por afán de superación han pasado a los libros de la historia de España con letras mayúsculas.
Hoy traigo la historia de Martín Álvarez Galán, de quien hace unos días leía en los diarios extremeños que su pueblo, Montemolín, le rendía un merecido homenaje a este héroe de la Armada española.
Martín, comenzó su vida como carretero y, es posible que, alentado por las historias que su madre contaba sobre las aventuras militares de su abuelo, se despertase en él la vocación militar. Así, se enrola en la Infantería de Marina de la Armada española en 1790, pasando por diferentes destinos, hasta que en 1797 entró a formar parte de la guarnición del navío “San Nicolás de Bari”: En estos momentos, España estaba aliada con los franceses por el tratado de San Ildefonso, motivo por el que se enfrentó en la batalla del Cabo de San Vicente contra la escuadra inglesa.
En un momento de la batalla, los ingleses abordaron el “San Nicolás de Bari” y, con la pretensión de arriar la bandera española, un oficial inglés se dirige hacia la toldilla, allí se encontraba Martín Álvarez defendiendo el pabellón español, quien viendo venir al británico lo ensartó con tal fuerza con su sable  que lo atravesó, quedándolo clavado en la madera de un mamparo; tras ello, un nuevo oficial y dos soldados británicos vuelven a la carga, el soldado español trata sin éxito de desembarazar el sable de la madera, por lo que coge su fusil y como si fuera una maza asesta varios golpes a los enemigos, matando al oficial e hiriendo a los soldados, a continuación salta desde la toldilla al alcázar de popa donde es acribillado a tiros por los ingleses.
Nelson, uno de los mandos de la Marina británica, que ha presenciado la escena, y siendo hombre que admira el valor y reconoce el mérito del soldado español que ha dado su vida en defensa de su bandera, ordena que se le lance al mar envuelto en dicha bandera, pero entonces comprueban que nuestro infante no está muerto sino malherido, siendo trasladado a Portugal donde es curado de sus heridas y devuelto a España.
En nuestro país, el rey Carlos IV reconoce la heroica actuación de nuestro soldado de granaderos y se le asciende, en principio, a Cabo y, posteriormente, a Cabo Primero, concediéndole, además, una pensión vitalicia. No obstante, poco pudo disfrutar el granadero de la pensión, pues una accidental caída le provocó la muerte en 1801.
Nelson, sabiendo que las victorias son mayores mientras mejores son los enemigos, quiso que la valentía del granadero Martín Álvarez no quedase en el anonimato e hizo grabar en una placa de un cañón tomado del “San Nicolás de Bari” en Gibraltar tres hurras, uno de ellos dedicado a Martín Álvarez. Además, de conservarse su sable en el Museo Naval de Londres.
En 1848, la Reina Isabel II dispuso en una Real Orden que, en recuerdo a este héroe de la Armada, permanentemente un buque llevase el nombre de este glorioso marino.
En 1936 se inauguró un paseo en Montemolín, su pueblo natal, con una estatua de su héroe local. Además, son numerosos los homenajes y numerosas las calles que recuerdan el nombre de este valeroso extremeño.


Os recomiendo ampliar la información sobre Martín Álvarez en la Revista divulgativa de historia naval en Internet: http://www.todoababor.es/articulos/martin_alvarez.htm
Y que leáis el, como siempre, extraordinario artículo de Pérez Reverte en su columna del XL Semanal: http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/675/el-sable-y-el-granadero/

martes, 28 de junio de 2011

Villafranca y la conquista americana


Villafranca de los Barros, localidad extremeña, convertida en villa por el maestre de la Orden de Santiago, don Fadrique, a mediados del siglo XIV y que pertenecía a la provincia de León de dicha Orden, aportó a la conquista americana, según don Vicente Navarro del Castillo, la cantidad de 37 personas. Casi todas ellas actuaron en territorio peruano y chileno, siguiendo a otros insignes extremeños, menos tres de ellos que actuaron en el territorio de Nueva Granada (en los actuales territorios de Colombia, Venezuela y Ecuador), y algún otro que actuó en la zona Centroamericana.
Dentro de estos, destacaremos a tres personajes: el Capitán Bartolomé Camacho Zambrano, el funcionario real Juan de Carvajal y el conquistador y encomendero García Aguilar.
Bartolomé Camacho Zambrano, participó en la conquista de Colombia y en la fundación de la ciudad de Santa Fe de Bogotá siguiendo a Gonzalo Jiménez de Quesada, y fue fundador de la ciudad de Tunja bajo el mando del capitán Gonzalo Suárez Rendón.
Este villafranqués llegó a la costa de Colombia, concretamente a la ciudad de Santa Marta, con la expedición del gobernador Pedro Fernández de Lugo, en 1535. Posteriormente, se enrola en las filas de Jiménez de Quesada para iniciar la exploración del territorio colombiano. En esta expedición tuvo una participación destacada, puesto que llegó a Capitán. Además, se narra un hecho ocurrido en la misma, en que nuestro protagonista tendrá una actuación heroica. Camacho y el resto de expedicionarios, que componían los cinco barcos que surcaban el río Magdalena, siguiendo a Jiménez de Quesada, tras varios días de privaciones y con un hambre acuciante, vieron una canoa con cuatro indios en la orilla contraria cargada de provisiones que estos llevaban para alimentar a su tribu; sin dudarlo, Camacho se lanzó al río en solitario, llegó a la orilla contraria, tras luchar contra la corriente, y se enfrentó a los cuatro indios, a los que venció y ató, regresando después con la canoa llena de provisiones, lo que permitió a la expedición matar el hambre durante algunos días.
De los 800 hombres que partieron con Jiménez de Quesada, el hambre, las enfermedades y los enfrentamientos con los indígenas redujeron la expedición a 170 en 1538, cuando se funda la ciudad de Santa Fe de Bogotá. Al año siguiente, siguió al capitán Suárez Rendón en la conquista y fundación de la ciudad de Tunja, donde se dice que obtuvo extraordinarias riquezas del reparto efectuado tras la conquista y será en esta ciudad donde finalmente ubicará su residencia.
Desde allí reclamó a su esposa, la villafranquesa Isabel Pérez de Cuellar, con la que tuvo tres hijas, que dejarán amplia descendencia en la zona.
Sabemos que murió después de 1584.
Juan de Carvajal, cuyo verdadero nombre parece ser Juan Muñiz de Carvajal, posiblemente nació en nuestra localidad, fue un personaje con luces y sombras que actuó en la conquista del territorio venezolano.
Su llegada a Venezuela se produce con la segunda o tercera expedición alemana a este territorio, sobre 1529, y actuará de escribano público hasta su nombramiento como Procurador General de la Provincia.
Carlos I había concedido la explotación de parte del territorio venezolano a la familia de banqueros alemanes Welser, quienes tenían el compromiso de explorar, pacificar el territorio, fundar ciudades y proteger a los naturales. Pero, la avidez de los banqueros alemanes en busca de metales preciosos, hicieron que no cumplieran las cláusulas del pacto y, Juan de Carvajal, como Procurador General de la Provincia, acusa a los Welser de incumplir las cláusulas de las capitulaciones y de los negativos métodos de explotación utilizados. Tras el juicio, celebrado en 1540, Carvajal pasará a Santo Domingo como relator de la Real Audiencia hasta finales de 1544, en que es nombrado gobernador interino de la provincia de Venezuela en sustitución del titular Felipe Hutten, de quien no se tenía noticias desde hacía varios años en que iniciara una expedición por el interior del territorio y a quien se le daba por muerto. Llegado a Santa Ana del Coro, en la costa de Venezuela, ve el estado de pobreza en que está sumida la ciudad y, entonces, resuelve llevarse a las familias de la ciudad hacia otra zona más fértil, donde puedan dedicarse al cultivo y a la cría de animales, fundando la ciudad de El Tocuyo en diciembre de 1545, iniciando con ello el poblamiento del interior de la provincia venezolana.
Al año siguiente, tras cinco años perdidos buscando el mítico “El Dorado”, regresa el capitán general Felipe Hutten y, enterado de la nueva fundación y de su sustitución por Juan de Carvajal como gobernador de la provincia, le pide cuentas encolerizado produciéndose un altercado en el que Carvajal es agredido con el palo de una lanza por Bartolomé Welser (hijo de los banqueros), que acompañaba a Hutten; desarmando, a continuación, los soldados de este a los de Carvajal y llevándose los caballos de estos. Carvajal, sumamente enojado prepara una partida que alcanzan en el camino a las tropas del alemán, comenzando una nueva discusión violenta que acaba con la decapitación de Hutten, Bartolomé Welser y tres soldados españoles que acompañaban a la comitiva de los alemanes, por mandato de Carvajal.
Carvajal será arrestado y su suerte estaba echada, puesto que los familiares de los ejecutados alemanes eran amigos personales del rey Carlos I. En el juicio, el extremeño, exculpó a sus hombres, asumiendo la responsabilidad de la acción. Se le castiga a ser atado a la cola de un caballo y ser arrastrado hasta la plaza pública donde morirá ahorcado en 1546.
Este funcionario real cumplió fielmente con los deberes de su cargo poblar y defender la ciudad fundada, intentar mejorar la vida de las familias asentadas en la costa venezolana, dándose cuenta de que la verdadera riqueza de esta zona estaba en la explotación de sus ricas tierras; sometió a una enorme disciplina a los españoles de El Tocuyo para que cumpliesen las leyes y respetasen a los indígenas. No se le puede acusar de ambicioso, ya que murió en la pobreza, tal y como puso de manifiesto el juez de la Real Audiencia de Santo Domingo en su informe, señalando que las deudas del reo montaban más que el valor de sus bienes. Pero, su acción criminal y las circunstancias le llevarán a este trágico fin.
García Aguilar, es el tercero de los conquistadores que queremos resaltar, en 1517 se encuentra en Cuba y, al año siguiente, participa en la expedición de Grijalva al Yucatán (México), aunque sin éxito. Regresa a Cuba y, en 1520, se une a la expedición de Pánfilo de Narváez hacia Nueva España, organizada por el gobernador Velázquez tratando de capturar a Hernán Cortés. Cortés derrota a Narváez y muchos de sus hombres se pasaron a las filas del conquistador extremeño; entre ellos, García Aguilar, quien estará en los sucesos de la Noche Triste, donde los españoles tienen que huir de Tenochtitlán (ciudad de México) al ser atacados por los aztecas. Aguilar, será uno de los pocos españoles que consigue escapar vivo, aunque herido. Participará en numerosas campañas siendo herido bastantes veces.
Posteriormente, acompañará a Pedro de Alvarado en la conquista de Guatemala, obteniendo varias encomiendas por sus servicios.
Se casó con María de Ayala.
Retirado de la conquista porque las heridas recibidas le habían dejado manco y cojo, fue alcalde de la Ciudad de los Ángeles de Puebla en 1534. Sabemos que murió bastante anciano, pues hacia 1571 aún vivía.
Fuentes:
  • Wikipedia
  • Navarro del Castillo, Vicente: “La epopeya de la raza extremeña en Indias”. Mérida, 1978 (consultado en http://www.paseovirtual.net).
  • López Martínez, Mario: “Conquistadores extremeños”. Ediciones Lancia. León, 2007.
  • Solís Sánchez Arjona, Antonio de: Villafranca en la Historia. El autor. Badajoz, 2000.

lunes, 27 de junio de 2011

Cuestión de honor

El honor era allá por los siglos XVI y XVII algo tan preciado e importante para el buen nombre de una familia, como el dinero o la fama hoy día, pareciéndome más digno lo primero que lo actual. Bueno, a lo que vamos, quiero relatar hoy dos hechos de dos personajes españoles que tenían en tan alta estima el honor familiar y el servicio a su país, que merecen la pena resaltar.
El primero se refiere al Gran Duque de Alba, don Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, quien siendo ya viejo y estando enfermo tuvo noticias de que su hijo don Fadrique, al mando de las tropas que asediaban la ciudad de Haarlen, allá por 1573, estaba a punto de abandonar dicho asedio por las pérdidas humanas que estaba teniendo el mismo para nuestro ejército, a lo que el Gran Duque respondió mandando una dura carta a su hijo en la que decía algo así como que si abandonada el asedio sin rendir la ciudad no le tendría por hijo y que si moría en el asedio, él mismo iría a reemplazarle, y si encontrase también la muerte, sería su madre la que iría a acabar la tarea que ninguno de los dos habían sido capaz de terminar. Ante estas palabras, don Fadrique, al mando de los tercios españoles, continuó el asedio, consiguiendo, finalmente, tras una penosa lucha y la pérdida de unos 4.000 soldados, que la ciudad de Haarlen cayese en manos hispanas.
La segunda historia se refiere al Capitán General de Flandes, don Ambrosio de Spínola, el que aparece en el cuadro de Velázquez de La rendición de Breda, quien muere en 1630 y dicen que debido a su delicado estado de ánimo debido a dos enormes disgustos. El primero fue la rescisión de sus plenos poderes en Italia por la Corona española, pero fue más duro el segundo, la noticia de que su hijo Felipe, al mando de una unidad de caballería, no había podido parar a los franceses frente al puente de Cariñán. Al tener conocimiento de ello y preguntar si su hijo había resultado muerto, herido o prisionero y encontrar una respuesta negativa para las tres, cayó en una profunda depresión que lo dejó sin habla, pues su hijo estaba sin honor y eso era peor que la muerte.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Una vida de película

Hombre de familia hidalga y con algunas letras, se embarcó hacia el Nuevo Mundo en 1527 en una expedición dirigida por Pánfilo de Narváez que tenía por finalidad la conquista de Florida y la búsqueda de oro. La expedición desde el principio resultó difícil, pues sufrieron la pérdida de algunos barcos a causa de las tormentas. Dicha expedición, con de unos 300 hombres, llegó a Florida en 1528, y de allí se dirigieron por tierra hacia México. Fueron muriendo muchos de los integrantes de este grupo, por lo que Álvar Núñez Cabeza de Vaca se convirtió en jefe de estos conquistadores. Fue capturado por los indígenas y pasó de seis años de cautiverio, sobreviviendo como curandero él y otros tres expedicionarios, así hasta que son encontrados por un grupo de exploradores españoles en un poblado a orillas del río Sinaloa en México. Durante este tiempo, recorrieron el sudoeste estadounidense y norte de México. Regresó a España en 1537, no sin algún sobresalto en su vuelta a la Península, ya que sufrió el ataque de corsarios franceses y estuvieron a punto de terminar en el fondo de los mares. En España, permanecerá poco tiempo, lo justo para escribir una interesante narración histórica titulada “Naufragios”, que se publicaría en 1542, donde plasma sus aventuras y sus observaciones sobre las poblaciones indígenas conocidas en su periplo.
Su afán de aventura le hace viajar de nuevo a América, consigue ser nombrado Gobernador del Virreinato del Río de la Plata y en diciembre de 1540 se dirige hacia allí. Sufrirá un nuevo naufragio y se enfrentará a diversos ataques indígenas. Entre 1541 y 1542 dirige la expedición que recorrió el sur de lo que es hoy Brasil hasta Asunción, en la que descubrió las Cataratas del Iguazú.
En 1544 será apresado por un grupo de colonos españoles y será enviado a España bajo arresto por oponerse al uso de tanta barbarie hacia los indios. Se le destierra a Orán (África), donde permanecerá doce años hasta que obtuvo el perdón por parte de Felipe II. Escribió una nueva obra, donde informa de su actuación en el Virreinato de la Plata, la “Relación General”. Será nombrado Presidente del Tribunal Supremo de Sevilla hasta que, finalmente, tomó los hábitos y se radicó en un monasterio sevillano. Falleció en Sevilla hacia 1560.
Una vida que más parece un extraordinario guión de cine para una película de aventuras al más puro estilo holiwodiense. Anímense los directores de cine españoles, aquí tienen una gran historia de acción.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Esquilache, el preferido de Carlos III

Procedente de una familia humilde, su inteligencia pronto llegó hasta los oídos de Carlos III, quien, como premio a su brillante carrera, lo nombró marqués de Esquilache a mediados del siglo XVIII. En la península Ibérica desarrolló lúcidas reformas, pero no logró el apoyo popular.
En octubre de 1759 desembarcaba en Barcelona, procedente de Nápoles, el nuevo rey de España, Carlos III de Borbón. El fallecimiento sin descendencia de su hermanastro Fernando VI y la habilidad de su inteligente madre, Isabel de Farnesio, habían provocado tal nombramiento. Junto al flamante monarca llegaba el Despotismo Ilustrado y un equipo de hombres relevantes, en su mayoría italianos, sobre los que destacaba el eficiente marqués de Esquilache.
Nacido en Messina (Sicilia) hacia 1700, dio desde joven una buena muestra de sus actitudes para la economía llegando a trabajar como contable en la casa de Berretta. Más tarde entró al servicio del futuro Carlos III realizando una eficaz tarea en las cuestiones aduaneras del reino napolitano. Tras la elección del Borbón para el trono de España, fue uno de los primeros en ser incorporados al equipo de Gobierno que acompañó al soberano en su difícil reto hispano.
Esquilache se convirtió en el personaje clave del Gobierno Carolino. Su responsabilidad abarcó los ministerios de Hacienda, Guerra y Justicia, en los primeros años del reinado. Favorito sin discusión de Carlos III, no había asunto concerniente al Estado que no pasara por sus expertas manos; esto le granjeó envidias y enemistades entre los rancios nobles españoles. No es de extrañar que pronto nacieran las intrigas para eliminar al incómodo marqués, quien, al margen de los comentarios, emprendió numerosos programas para que Madrid se rehabilitara como capital propia de su rango. Los proyectos de higiene, empedrado o iluminación de las calles comenzaron a dar sus frutos. Sin embargo, la creciente carestía de vida y el rechazo hacia los ministros extranjeros del rey, fomentado por dolidos aristócratas y obispos, truncaron las buenas acciones de un Esquilache dedicado en cuerpo y alma a remozar la imagen interna y externa del país.
El 20 de marzo de 1766, domingo de Ramos para más señas, se hizo público un edicto por el que se prohibía la utilización del "chambergo" o sombrero de ala ancha, además de la tradicional capa larga. Se indicaba también en este documento, que desde entonces los ciudadanos deberían utilizar capa corta y sombrero de tres picos, a la usanza europea del momento. Esta orden se impuso tras haber prohibido los juegos de cartas y las armas de fuego, dado que en esos años la delincuencia era una constante en las calles de una ciudad demasiado oscura.
Tanta merma en las arraigadas costumbres patrias desató la ira de los madrileños, que arrancaron con furia los bandos repartidos por las calles, colocando en su lugar otros que amenazaban a los gobernantes foráneos. En cuestión de horas, muchos ciudadanos se embozaron con capas y sombreros presentándose ante los cuarteles y retando a los alguaciles y soldados. En la calle Antón Martín se produjo el primer choque cuando dos agitadores gritaron "¡no me da la gana!" ante la petición de los militares para que se despojaran de los ropajes censurados. En escasos minutos unos 6.000 madrileños cubrieron las calles destrozando los recién implantados faroles y todo lo que supiera al progreso pretendido por Carlos III y su querido Esquilache; la casa de éste fue desvalijada, así como la de otros italianos del Gobierno real. Al día siguiente el número de amotinados se dobló, enfrentándose a la guardia valona, que no reparó en plomo tratando de contener la marea humana.
El trágico resultado fue de 10 muertos en cada facción. El movimiento no tuvo líderes claros, sí en cambio portavoces como el padre Cuenca, quien se presentó ante el rey con un listado de peticiones a las que Carlos III no se pudo negar. Una de las demandas exigía la destitución del marqués de Esquilache y su destierro, hecho que se produjo el 27 de marzo, cuando el incomprendido hombre de estado partió con toda su familia hacia Cartagena, donde embarcó con destino a Nápoles. Poco a poco, la situación se fue calmando gracias, en buena parte, a la mesura y equilibrio demostrados por Carlos III; atrás quedaba la primera etapa de su brillante reinado. El soberano supo entender que España era diferente. Los extranjeros dieron paso a nobles españoles como los condes de Aranda o Campomanes, que acertaron en la conducción de un Gobierno siempre complejo. Por fortuna ese año llovió, favoreciendo una buena cosecha y la rebaja de los precios. Las prendas de la polémica fueron relegadas al olvido, más por moda y convencimiento que por obligación.
Leopoldo Gregori disfrutó de una espléndida vejez y de una sólida fortuna en la república serenísima de Venecia, lugar donde falleció a la avanzada edad de 85 años. Posiblemente, su último pensamiento no fue para esa España que tanto le había reprobado su filosofía de progreso.
Autor: Galland
Tomado de: http://www.mundohistoria.org/

jueves, 26 de agosto de 2010

Luis I de Borbón, el reinado breve

Luis I de Borbón, llamado el Bien Amado (Madrid 25 de agosto de 1707- Madrid, 31 de agosto de 1724): fue el primer rey Borbón nacido en España, hijo primogénito de Felipe V y de su primera esposa María Luisa de Saboya, tuvo el reinado más breve de la historia de España (si exceptuamos el de Felipe el Hermoso, quien fue rey de Castilla durante apenas dos meses).
En enero de 1724 se produce la abdicación inesperada de su padre, no se sabe muy bien si lo hizo para poder así ocupar el trono de Francia, ya que el Tratado de Utrecht impedía que el mismo rey ocupara los tronos de España y Francia (sus aspiraciones a hacerse con el trono francés parecían inminentes al producirse la muerte del heredero y por la debilidad física del rey galo, Luis XV), o por problemas mentales (ya que el rey padecía crisis depresivas).
Luis accede al trono el 15 de enero de 1724, con dieciséis años, y ocupa el mismo hasta que se produce su muerte por la viruela el 31 de agosto de ese mismo año, con diecisiete años recién cumplidos. Es decir, estará en el trono poco más de siete meses.
Fue un rey inexperto y poco preparado para reinar, no obstante las riendas del país siguieron en manos de su padre, Felipe V, y de su madrastra, Isabel de Farnesio, quienes desde su residencia en el palacio de la Granja de San Ildefonso dirigían el país.
El Bien Amado, tuvo una infancia triste, dado que quedó huérfano de madre a los siete años y estuvo sometido a una rígida tutela. A los quince años contrajo matrimonio con Luisa Isabel de Orleans, muy criticada por su conducta extravagante (debido también a problemas mentales), pero de lo que no cabe duda es que debió de amar a su esposo, pues tras enfermar éste, lo cuidó personalmente y, de hecho, ella también contrajo la enfermedad, si bien no con el mismo trágico fin. Luis y su esposa no tuvieron descendencia.
Tras la muerte de su primogénito, Felipe V asumirá de nuevo las labores de gobierno. Curiosa y paradójicamente, éste será el rey con el reinado más largo de la historia de España (más de 45 años, dividido en dos períodos), mientras que su hijo (con la salvedad antes expuesta) tendrá el más corto (poco más de siete meses).

lunes, 23 de agosto de 2010

Cortés y Malinche

Malinalli o Malinche (1502-1529), también conocida como Marina o doña Marina, nombre que recibió tras su bautismo. Era hija de un cacique vasallo del Imperio azteca. Pero a la muerte de su padre, su madre contrajo segundas nupcias y tuvo un hijo, al que se declaró heredero del territorio, por lo cual hicieron desaparecer a Malinche, que fue entregada a unos mercaderes que posteriormente la ceden o venden como esclava en territorio maya siendo todavía niña. Debido a esto, hablaba con fluidez su lengua materna, el náhuatl (lengua de los aztecas), y la lengua de sus amos, la maya.
Tras la Batalla de Centla ocurrida el 14 de marzo de 1519, el cacique de Tabasco, tal y como era costumbre entre los indios obsequia a los vencedores, con 20 mujeres, entre las que se hallaba Malinche, algunas piezas de oro, y un juego de mantas. Tras ser bautizada, Cortés la regala a uno de sus capitanes, Alonso Hernández Portocarrero, natural de Medellín; pero al descubrir el conquistador que Malinche habla náhuatl empieza a utilizarla como intérprete, junto a Jerónimo de Aguilar, a quien Cortés libera de un largo cautiverio en manos de los mayas. Pronto aprende también castellano y se convierte en un elemento clave de la conquista, ya que no sólo prestó servicio como intérprete, sino que también asesoró a los españoles sobre los nativos y, posiblemente, realizó tareas de estrategia y diplomacia fundamentales durante la conquista del imperio azteca. Así el mismo Cortés llegó a afirmar que “después de Dios, debemos la conquista a Doña Marina”.
Se dice que tras reencontrarse con su madre y su hermanastro los perdonó.
Tuvo un hijo de Cortés, Martín, primogénito pero ilegítimo (legitimado posteriormente); luego el conquistador daría el mismo nombre a su primer hijo legítimo, que tuvo con Juana de Zúñiga. Finalmente, Cortés casó a Malinche con un hidalgo, Juan Jaramillo, natural de Zafra, de quien se sabe que ella tuvo otra hija, María Jaramillo. En 1529 existe constancia de la muerte de Malinche, posiblemente de viruela.

jueves, 19 de agosto de 2010

La tumba de Colón

La muerte le llega a don Cristóbal Colón el 20 de mayo de 1506 en Valladolid, ciudad a la que había acudido buscando audiencia con el rey don Fernando para intentar que le fueran restablecidos sus títulos y derechos en las tierras descubiertas. Su cuerpo fue tratado con un proceso llamado descarnación, mediante el cual se quita toda la carne de los huesos. Se le enterró inicialmente en dicha ciudad, en una capilla de la iglesia del monasterio de San Francisco. Posteriormente, en 1509, sus restos fueron trasladados al Monasterio de la Cartuja en Sevilla. Pero, para cumplir la voluntad de Colón de ser sepultado en las tierras por él descubiertas, sus restos fueron trasladados de nuevo en 1537 (o en 1542), esta vez a la Catedral de Santo Domingo, en la isla de La Española. Tras la conquista de la isla de Santo Domingo por los franceses en 1795, sus restos se trasladaron otra vez, ahora rumbo a La Habana. Allí descansarán hasta 1898, fecha en la que se produce la independencia de Cuba, siendo sus restos trasladados, por última vez (de momento), hasta la Catedral de Sevilla donde reposan en un suntuoso catafalco.
No obstante, la polémica sobre el reposo de los restos del Almirante subsiste, ya que los dominicanos argumentaron que habían encontrado, tras unas obras en la Catedral de Santo Domingo, en 1877, un sarcófago de plomo en el que rezaba que allí se encontraban los restos de don Cristóbal Colón.

Para acabar con la controversia, en 2003, se abrió el sepulcro sevillano, para que el Dr. Lorente de la Universidad de Granada, realizase un estudio del ADN de los restos. Los resultados se expusieron en el año 2006 y concluían que los restos sevillanos pertenecen sin duda a don Cristóbal Colón. Ahora bien, los restos de la Catedral de Sevilla tan sólo representan un porcentaje mínimo del esqueleto colombino, ¿dónde se halla el resto?, se perdieron en los traslados o se quedaron parte de los mismos en Santo Domingo.
El misterio continúa y mientras las autoridades dominicanas no permitan el estudio del ADN de sus restos este subsistirá.
En Santo Domingo las autoridades dominicanas construyeron un impresionante Faro monumento para dar reposo a los supuestos restos de Colón, trasladados desde la Catedral a este edificio.
Tanto en Sevilla como en Santo Domingo los restos de Colón siguen siendo objeto de las visitas de miles y miles de personas que admiran su gesta y lo que la misma supuso. Desde luego, sería lo justo que don Cristóbal Colón descansase entre los dos mundos que contribuyó a unir y entre los que navegó antes y después de su muerte.