sábado, 1 de marzo de 2014

LA LUCHA DEL PROFESOR

Llego a clase de uno de los cursos de la primera etapa de la ESO. Entro cargado de entusiasmo, porque el tema que vamos a dar creo que les va a gustar, quiero trasmitirles mi pasión por ese tema. Voy cargado de recursos para explicárselo, el pendrive con una presentación que me ha llevado más de tres horas preparar, varios documentales breves que explican visualmente algunos aspectos del tema y que seguro que les sirve de motivación… un librito que me compré en el que vienen curiosidades sobre el tema, que seguro que ayuda a despertar su interés y en el que he seleccionado determinadas páginas para leérselas en clase. Llevo también un esquema que les pondré en la pizarra y que me servirá para centrar su atención y explicarles el tema sin que se me pierdan…
En clase me encuentro un grupo de muchachos dóciles, pero desmotivados, faltos de las mínimas capacidades lectoras y escritoras para comprender un texto, muchos de ellos repetidores, otro grupo con dificultades de aprendizajes, de distinto tipo, algún alumno hiperactivo… casi todos habladores, faltos de saber estar en clase (no se sientan adecuadamente, hablan sin permiso…), pero voy bien armado de recursos como digo y, a pesar de los pesares y de tener que atender a veinte niveles diferentes, creo que les engancharé con mi explicación…
Comenzamos la misma, les pongo un documental atractivo para que se sientan interesados por el tema, les leo unos párrafos del libro con curiosidades, pero ¡bah!, veo a uno que enreda con algo bajo la mesa, otro que habla con el compañero, aquella que mira por la ventana a los que están en el patio, en la clase de educación física; aquel otro que hace dibujos en la libreta… Bueno, no te desanimes, no pasa nada, a este que tiene una vena artística lo engancho diciendo que tienen que realizarme una portada con un dibujo del tema, al otro que es muy manitas mandándole un trabajo manual… Ánimo, seguimos con la explicación tengo a un grupito enganchado… una mano que se me levanta, seguro que es para una pregunta interesante sobre el tema “¿puedo ir al servicio?”. Mi gozo en un pozo, pero no me desanimo, ¡No!, “¿es que no me aguanto?”, ¡que no!... Seguimos, otra mano levantada, ahora sí, esta niña es buena, seguro que es una pregunta interesante…, pero su pregunta es para saber qué significa “límite”; bueno, se lo explico…Otra interrupción, pero retomo la situación haciendo una pregunta sencilla a uno de ellos para captar su atención, su respuesta es la típica para salir airoso de mi inesperada embestida diciendo que él no se entera, que se lo explique de nuevo. Con toda la santa paciencia, se lo vuelvo a explicar, de forma sencilla y concisa, pero sigue diciendo que no se entera, es la salida más fácil; lo emplazo para que se quede cinco minutos en el recreo (claro está, que cuando después en el recreo voy a clase, me encuentro yo sólo, el susodicho que no se enteraba no tenía interés alguno por enterarse); pero claro, las tres niñas de la primera fila y el otro chico, que le gusta mucho la historia, se me empiezan a aburrir, quiero atender a todos sin ser todopoderoso como Dios… Ése quizás es el error, dedicamos nuestros esfuerzos más a atender a los que no tienen interés alguno que a los que de verdad lo tienen.
Veo que uno empieza a decir que faltan tres minutos para que toque y empieza a recoger, el otro le sigue… doy una voz y les digo que hasta que yo no lo diga no se levanta nadie. Les comento, que con esa actitud cómo quieren sacar el graduado, que es lo mínimo que se despacha y necesario en nuestra sociedad competitiva y con seis millones de parados. La contestación es simple, yo quiero que me metan en Diver, la otra le responde que es más fácil por el PCPI. Claro, se han creado subterfugios para sacar el título, un título que indudablemente se ha devaluado.
Toca el timbre y salgo con una sensación de fracaso, necesito comentarlo con mis compañeros y, cuando llegue a casa, con mi mujer para desahogarme y venir de nuevo mañana cargado de paciencia y del doble de ganas por enseñar.
Por la tarde leo un artículo de opinión que señala que el profesorado está poco preparado en las nuevas tecnologías, que debe motivar más, que más que profesor debe ser un "diseñador de contextos de aprendizaje experto en learning-by-doing y con una sensible tendencia hacia la educación disruptiva y socializadora" y, entonces, ya me da la risa, tengo las espaldas anchas, no puede afectarme. He de dejarme de entretenimientos, me pongo a preparar las clases para el día siguiente, para que después digan que los profesores trabajan poco y cobran mucho… Bueno, mañana es otro día duro, pero no hay desánimo que valga, no hay tiempo para la depresión porque estoy convencido de que con nuestro trabajo y esfuerzo podemos conseguir que algunos alumnos salgan del difícil mundo de los primeros cursos de la ESO.


Sebastián Merino
Profesor de Historia

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