sábado, 10 de marzo de 2012

Los riesgos de las tormentas solares (elmundo.es)

Las tormentas magnéticas no suponen un riesgo para la población pero sí para los astronautas de la Estación Espacial Internacional (ISS), que deben protegerse de manera especial y no realizar caminatas fuera de la plataforma para reducir la radiación a la que están expuestos.

Las llamaradas solares y las tormentas electromagnéticas que originan también tienen la capacidad de dañar las redes de transmisión de energía y los satélites de comunicaciones. Así, ante el riesgo de que se produzcan interrupciones en el suministro eléctrico, en los sistemas de navegación por satélite y de comunicación por radio, también en esta ocasión se desviaron los vuelos comerciales que cubrían rutas cercanas a los polos para garantizar la seguridad.

A pesar del riesgo potencial, no es frecuente que se produzcan incidentes y en contadas ocasiones ha habido apagones importantes. El episodio más grave ocurrió en 1859 y afectó a las oficinas de telégrafos de todo el mundo. En 1972 una tormenta magnética provocó interrupciones en la red telefónica de Illinois (EEUU) mientras que en 1989 seis millones de usuarios se quedaron varias horas sin suministro eléctrico en Quebec (Canadá) debido a la caída del sistema.

Regiones activas

En las últimas 72 horas, el Sol ha lanzado más de una decena de intensas llamaradas. El pasado martes alcanzaron la Tierra dos de ellas, causando algunas interferencias en los sistemas de radio en China, India y Australia.

La tormenta magnética de este jueves tuvo su origen en una intensa llamarada solar y una eyección de masa coronal. En concreto, se ha originado en una región llamada 1429, particularmente activa durante los últimos días.

Según explica el astrónomo Rafael Bachiller, el Instituto Nacional de Océanos y Atmósfera de EEUU (NOAA) "da números consecutivos a las regiones activas según se observan en la superficie del Sol. Se empezaron a enumerar en 1972 y hacia el año 2002, cuando se llegó al 10.000, se comenzó de nuevo. Naturalmente, cada región activa puede tener múltiples manchas individuales", señala Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional. Por tanto, la región 1429 significa que se han observado 11429 regiones activas en nuestra estrella desde 1972.

Para estudiar la actividad solar, los astrónomos han establecido un ciclo que dura aproximadamente 11 años. El astro rey se encuentra ahora en una fase muy activa, que previsiblemente alcanzará su pico a lo largo de 2012 o 2013.

'Solar Orbiter'

Javier Rodríguez-Pacheco, profesor de Física de la Universidad de Alcalá de Henares, afirma que las llamaradas solares liberan una energía equivalente a 10 millones de bombas de hidrógeno en unos pocos minutos. En una nota de prensa emitida por la universidad, explica que las eyecciones coronales de masa pueden expulsar hasta 10.000 millones de toneladas de material solar a velocidades que pueden alcanzar los 4 millones de km/hora (1.000 metros por segundo).

Rodríguez-Pacheco forma parte de la misión 'Solar Orbiter' de la Agencia Espacial Europea. La sonda será lanzada en 2017 con el objetivo de estudiar los polos del Sol y de ayudar a predecir el comportamiento de nuestra estrella.

En concreto el proyecto liderado por Rodríguez-Pacheco consiste en desarrollar un instrumento, denominado 'Energetic Particle Detector' (EPD), que tendrá como objetivo la detección de las partículas de más alta energía emitidas por nuestra estrella.

Auroras boreales

La intensa actividad solar también tiene una parte positiva. Las erupciones solares causan frecuentes y espectaculares auroras boreales que pueden disfrutar los habitantes de las regiones polares.

Rafael Bachiller explica cómo se forma este espectáculo de la naturaleza: "Las partículas procedentes de las erupciones solares viajan a velocidades entre 100 y 1.000 kilómetros por segundo y tardan entre uno y tres días en llegar a nuestra magnetosfera. Allí, el campo magnético terrestre dirige las partículas cargadas (electrones y protones) hacia los polos. Cuando penetran en la atmósfera, estas partículas transmiten energía a los átomos y moléculas atmosféricos (a una altura por encima de unos 90 km) y estos, a su vez, emiten el exceso de energía en forma de una luz difusa y coloreada".

Tomado del diario “El Mundo”

Viernes 09/03/2012

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