viernes, 30 de noviembre de 2012

Enrique IV de Castilla, el Impotente

Enrique IV de Castilla ha sido conocido como rey por el sobrenombre de El impotente, además de achacársele esta enfermedad, se le acusó de homosexual y algunas otras lindeces igual de negativas en la época y, por otra parte, habituales para desacreditar a reyes o grandes personajes con el fin de descalificarlos en las luchas por el poder entre las distintas facciones nobiliarias.
Enrique, sucede a su padre, Juan II de Castilla en 1454, se casó con Blanca de Navarra, a la que acabará repudiando y solicitando la anulación del matrimonio por no haberse consumado el mismo tras varios años de casamiento. Tras la anulación matrimonial se casa con Juana de Portugal, con quien tiene una hija, Juana.
Las luchas del rey con la nobleza castellana y su débil carácter le hacen ceder repetidamente a las presiones de la misma, la cual hace circular la leyenda de que su hija es ilegítima, por ser el rey impotente y se alude a la paternidad del valido del rey, Beltrán de la Cueva, de ahí el apodo de Juana la Beltraneja. El rey es depuesto por la parte de la nobleza en la llamada “farsa de Ávila” en la que entronizan a su hermanastro Alfonso, pero tras la muerte de éste, pocos años después, se ponen al lado de la hermana de éste, Isabel, la futura Isabel la Católica, hermanastra de Enrique, frente a los derechos al trono de su hija Juana. El rey se ve obligado a aceptar a Isabel (Tratado de los Toros de Guisando) con la condición de concertar él su matrimonio, hecho que Isabel no respetó al casarse con Fernando de Aragón en secreto, por lo que, enterado Enrique, proclamó a su hija Juana como heredera al trono jurando públicamente que era hija legítima. El país entró en una época de anarquía por las luchas entre las distintas facciones nobiliarias que apoyaban a uno u otro bando,  y a la muerte de Enrique, sucedida en 1474, se inicia una guerra civil entre los partidarios de Juana de Tratámara, la Beltraneja y los de su tía Isabel. Guerra que tendrá también tintes internacionales por el apoyo portugués a Juana y de Aragón a Isabel. Finalmente, la guerra acaba con la victoria de Isabel en 1479, que se convierte así en reina de Castilla con el nombre de Isabel I.
Gregorio Marañón realizó un ensayo sobre Enrique IV en 1930 basándose en las descripciones de las crónicas de la época y, fruto de ellas, señalaba que el rey debió de padecer un tumor en la hipófisis que le provocaría un crecimiento exagerado de las extremidades, así como de las manos y los pies, elevada estatura, encorvamiento, impotencia, infertilidad y otras anomalías. Lo que también es cierto es que las crónicas de la época están infestadas de bulos con el fin de desprestigiar a personajes poderosos en las luchas por el poder. Algo por lo demás, que sigue siendo habitual en nuestra época.
Por otra parte, los restos de Juana la Beltraneja no han sido hallados y no se ha podido corroborar, hoy día, la veracidad de las acusaciones que ponían en duda la paternidad de Enrique IV.
Como extremeño que soy, os diré que Enrique IV se encuentra enterrado en el Monasterio de Guadalupe (Cáceres), junto a otros miembros menores de la realeza castellana.

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