Esta escritora belga es una de mis escritoras favoritas por su humor ácido, por su personalidad a la hora de escribir y por la originalidad de sus temas. Había escuchado críticas fantásticas de esta obra y me lancé a leerla; pero en este caso, me ha costado terminar este breve relato, que trata de las vivencias de una niña de tres años, que rememora sus primeros años en Japón en los que pasa de considerarse dios a entender que los seres vivos somos, al fin y al cabo, unos simples tubos. Así mismo, en una especie de reflexión filosófica, señala que nuestra existencia es un tránsito hacia la decadencia inevitable.
No obstante, recomiendo fervientemente leer a Amélie Nothomb, es espectacular, puede ser que esta lectura me haya cogido en un mal momento lector.

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